Fortalecer la autoestima desde casa y desde la escuela se convierte en una herramienta clave para la prevención del abuso sexual infantil.
Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.
Cómo fortalecer la autoestima infantil como herramienta de autoprotección
La autoestima es una de las defensas más silenciosas, profundas y poderosas que tienen niñas y niños frente al abuso sexual infantil. Cuando un niño se sabe valioso, capaz y digno de respeto, lleva dentro de sí una fuerza que lo acompaña dondequiera que vaya. Una fuerza que lo ayuda a poner límites, a decir “NO” cuando algo lo incomoda y a pedir ayuda sin miedo ni vergüenza.
El estudio “Incidence of Self-esteem among Children Exposed to Sexual Abuse in Kenya” (Mutavi, 2018), realizado con niñas y niños sobrevivientes de abuso sexual, encontró que cerca del 75 % presentaba niveles bajos de autoestima. Este hallazgo evidencia que la autovaloración influye directamente en la vulnerabilidad infantil. Por eso, fortalecer la autoestima no es un gesto emocional opcional, sino una medida concreta y necesaria de prevención.
La autoestima no es solo un sentimiento; es una estructura que se construye ladrillo a ladrillo en los primeros años de vida. Está formada por tres pilares que se desarrollan en casa, en la escuela y en cada relación significativa. Estos pilares son:
- El autoconcepto, que les permite saber quiénes son y sentir que tienen un lugar en el mundo.
- La autoeficacia, que les muestra que son capaces de enfrentar desafíos.
- La autovaloración, que les recuerda que merecen respeto, cuidado y dignidad simplemente por existir.
Pero estos pilares no se levantan solos. Son las experiencias cotidianas —miradas, palabras, gestos, silencios— las que construyen o erosionan la autoestima infantil. Un comentario despectivo puede pesar tanto como una caricia. A veces, una burla puede borrar diez elogios y una validación honesta puede cambiar el rumbo de una historia.
Entre los cinco y los ocho años, niñas y niños atraviesan un periodo crucial en la construcción de su identidad. Empiezan a compararse, a reconocer sus logros, a entender sus límites. Es en esta etapa cuando necesitan más que nunca voces adultas que les recuerden: “Lo estás intentando”, “Tu valor no depende de evitar errores”, “Lo que sientes importa”.
La autoestima se alimenta de acciones que parecen pequeñas, pero que dejan huella profunda. Cuando una docente escucha sin impaciencia a un niño que dice “creo que no soy bueno para esto”, le está devolviendo la posibilidad de creer en sí mismo. Cuando un padre reconoce su propia equivocación y pide disculpas, está enseñando que la dignidad no depende de ser perfecto. Cuando una madre felicita un esfuerzo en vez de un resultado, está fortaleciendo la capacidad de persistir.
Las tres dimensiones de la autoestima se moldean en la convivencia diaria:
El autoconcepto se construye cuando los adultos escuchan, observan y reconocen la voz de niñas y niños. La autoeficacia crece cuando se les permite intentar, equivocarse, volver a intentar. La autovaloración florece cuando sienten que su existencia tiene importancia aun cuando fallan, lloran o están frustrados.
Un niño que se percibe como valioso es menos vulnerable a amenazas, chantajes o manipulaciones. Un niño que confía en su capacidad para resolver problemas es más difícil de aislar o controlar. Un niño que sabe que merece respeto reconocerá más rápido cuando alguien cruza un límite. Por eso la autoestima protege: porque produce claridad emocional y fortalece la voz interior que dice “esto no me gusta”, “esto no está bien”, “necesito ayuda”. Todo lo mencionado anteriormente, por supuesto no es de interés de los abusadores infantiles, por ese motivo buscan con cuidado cuáles son los perfiles que serán más fáciles de abordar, abusar y manipularlos para mantenerlos en silencio y perpetuar su delito.
La autoestima no transforma a niñas y niños en invencibles, pero sí les da herramientas para cuidarse. Les enseña a no aceptar tratos humillantes, a identificar dinámicas peligrosas y a confiar en que siempre pueden acudir a un adulto de confianza. Les permite diferenciar el afecto sano del vínculo dañino. Les da palabras cuando la manipulación quiere dejarlos en silencio.
Prácticas cotidianas que fortalecen la autoestima de manera concreta y promueven la autoprotección:
- Valide las emociones. “Se vale sentir tristeza”, “Se entiende que tengas miedo”, “Lo que sientes importa”.
- Reconozca el esfuerzo, no solo el resultado. Esto refuerza la idea de que el valor personal no depende del rendimiento.
- Permita que intenten cosas nuevas sin intervenir de inmediato. La autoeficacia crece cuando enfrentan retos que pueden resolver.
- Modele autocompasión y respeto hacia usted mismo. Los niños aprenden más del ejemplo que de cualquier consejo. Revise qué palabras usa cuando está frente al espejo.
- Fomente espacios de expresión personal. Hablar, preguntar, equivocarse y opinar construyen identidad.
- Refuerce la idea de que pedir ayuda no es signo de debilidad. Es una forma de autocuidado.
- Evite etiquetas que definan su identidad. Nada de “tú eres tímido”, “tú eres difícil”, “tú eres problemática”. Tampoco etiquetas positivas como “tú eres el mejor” o “tú eres invencible”. Las niñas y los niños no necesitan que su valor quede atrapado en una palabra: las etiquetas, incluso las bien intencionadas, pueden generar presión y limitar la forma en que se ven a sí mismos.
Acompañar la construcción de la autoestima es una de las formas más profundas de proteger a niñas y niños. No se trata solo de que se sientan bien consigo mismos, sino de que sepan que su voz vale, que su cuerpo merece respeto, y que tienen derecho a poner límites. Una autoestima sólida es una armadura invisible que los acompañará toda la vida, les permitirá reconocer riesgos con mayor claridad y buscar ayuda cuando algo no se siente bien.
Su presencia, su coherencia y su forma cotidiana de nombrar —o callar— las cosas dejan huellas que pueden fortalecer o debilitar esa armadura. Y así como usted enseña a sus hijos, hijas o estudiantes a valorarse, también necesita hacerlo consigo mismo: tratarse con respeto, reconocer sus errores sin castigarse, recordar que aprender es un proceso. Su ejemplo es uno de los caminos más poderosos de educación emocional.
La autoestima se construye todos los días, con gestos sencillos y constantes. Es un cimiento que sostiene, una estructura que acompaña, una luz interna que ayuda a niñas y niños a elegir el camino que los mantiene a salvo. Las niñas y los niños que se saben valiosos se cuidan mejor. Y quienes se cuidan mejor, están más protegidos.
Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.
En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
- Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
- Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
- Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106
Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

