Signos en red

Autor: Julián David Pinzón Bejarano

  • La moda bogotana es identidad y creatividad en una ciudad que se viste de diversidad

    La moda bogotana es identidad y creatividad en una ciudad que se viste de diversidad

    La moda en Bogotá es mucho más que una tendencia pasajera, es un reflejo de su gente, su historia y su clima. En una ciudad donde el sol, la lluvia y el frío pueden aparecer en un mismo día, la manera de vestir se ha convertido en un ejercicio de adaptación, creatividad y expresión.

    Los bogotanos han aprendido a moverse entre capas, abrigos livianos y accesorios funcionales que les permiten transitar un entorno urbano cambiante. Esta relación entre el clima y la ropa ha moldeado un estilo práctico, versátil y con identidad.

    Del corsé al denim: la evolución del estilo capitalino

    Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la moda bogotana seguía de cerca los patrones europeos, especialmente los de París y Londres. Las mujeres usaban faldas amplias, corsés y blusas con cuello plisado, mientras los hombres lucían trajes al estilo inglés, con chaleco y saco.

    Con la llegada de los años 20 y 30, Bogotá empezó a experimentar una modernización en su vestuario. Las vitrinas de tiendas por departamentos como La Oriental o Sears mostraban prendas inspiradas en la elegancia inglesa, mientras las mujeres de clase alta se dejaban seducir por vestidos brillantes y los hombres mantenían una imagen conservadora.

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    El siglo XX trajo consigo una serie de transformaciones sociales que también se reflejaron en la ropa. En los años 40 y 50 predominó la silueta ajustada y femenina del estilo francés, aunque episodios como el Bogotazo marcaron un retorno a lo sencillo. En los 60 y 70, la juventud rompió las reglas con jeans de bota campana, blusas sueltas y una moda influenciada por el movimiento hippie.

    Los 80 y 90 fueron décadas de contraste. hombreras, chaquetas de mezclilla, minifaldas y brillos marcaron una estética influenciada por el rock y la televisión. Con el cambio de milenio, la ciudad adoptó un estilo más global e individualista, en el que convivían los pantalones descaderados con prendas unisex y looks urbanos más relajados.

    El clima como diseñador invisible

    A más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, Bogotá impone su propio código climático. Las variaciones de temperatura y las lluvias intermitentes han hecho que la funcionalidad sea una regla de oro a la hora de vestir. Por eso, los bogotanos suelen combinar materiales térmicos, chaquetas impermeables y calzado resistente con piezas de diseño que aportan color y estilo.

    Esta relación entre clima y moda ha impulsado una estética urbana en la que lo útil no está reñido con lo bello. El resultado: una ciudad donde el paraguas es tan esencial como una buena chaqueta, y donde cada prenda cuenta una historia de adaptación.

    Sostenibilidad e inclusión

    En los últimos años, Bogotá se ha consolidado como un laboratorio de innovación textil. Diseñadores emergentes, marcas independientes y colectivos creativos han impulsado una transformación hacia una moda más consciente, basada en la sostenibilidad, el reciclaje y el consumo responsable.

    Frente a los impactos de la moda rápida, estos nuevos creadores apuestan por materiales reciclados, procesos éticos y una producción más humana. Además, la inclusión ha ganado espacio en pasarelas y colecciones donde se muestran cuerpos, edades y estilos diversos, rompiendo los antiguos estereotipos de belleza.

    Cuando la moda cuenta historias

    En Bogotá, la moda no se limita a los desfiles. Es también una forma de contar quiénes somos. Diseñadores locales reinterpretan símbolos de las culturas indígenas, afrodescendientes y campesinas, fusionándose con influencias globales. Así, cada prenda se convierte en un testimonio del mestizaje cultural de la capital.

    Las calles bogotanas funcionan como pasarelas espontáneas donde se cruzan estilos, generaciones y narrativas. Desde los textiles andinos hasta las chaquetas urbanas, la moda capitalina demuestra que en esta ciudad vestirse es, al mismo tiempo, protegerse del clima y expresar una identidad múltiple, cambiante y profundamente bogotana.

    *Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

  • Audiencias y regulación: ¿por qué la agenda de la Comisión de Regulación de Comunicaciones también importa?

    Audiencias y regulación: ¿por qué la agenda de la Comisión de Regulación de Comunicaciones también importa?

    La televisión no se define solo en los estudios o en las salas de redacción. Detrás de los contenidos que vemos a diario existe un marco regulatorio que fija reglas y responsabilidades. Ese fue el foco de Audiencias Capital, el espacio de Canal Capital dedicado a reflexionar sobre televisión, derechos y el lugar de las audiencias.

    El programa abordó la agenda regulatoria de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), un instrumento de planeación que orienta el trabajo del regulador por periodos de dos años y que se construye con la participación de usuarios, audiencias, industria y sociedad civil.

    En un contexto de cambios tecnológicos acelerados, nuevas plataformas y desafíos como la desinformación y los discursos de odio, entender este proceso resulta clave para el consumo crítico de medios y la democracia.

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    La invitada fue Andrea Muñoz, comisionada de la CRC, quien explicó que la agenda debe alinearse con el plan estratégico de la entidad y priorizar ejes como la protección de usuarios y audiencias, el pluralismo informativo, los mercados y las redes de telecomunicaciones. El proyecto de agenda se publicará a más tardar el 31 de octubre del 2026 y cualquier persona puede participar antes de que se adopte la versión definitiva.

    Muñoz señaló que el corto plazo responde a la velocidad con la que cambian la tecnología y los hábitos de consumo. Por eso, la CRC revisa tendencias de forma permanente y busca anticiparse a los problemas mediante estudios, evidencia y comparación con prácticas internacionales. Ejemplos de este enfoque son los análisis sobre plataformas digitales, protección de la infancia y pluralismo informativo, que han derivado en ajustes normativos y acciones pedagógicas.

    Entre las prioridades actuales están el fortalecimiento del consumo crítico, la lucha contra la desinformación,especialmente en contextos electorales, y el uso de tecnologías emergentes para ampliar la participación de las audiencias, mejorar la atención de quejas y avanzar en accesibilidad.La agenda regulatoria, disponible en la página de la CRC, no es un documento técnico lejano, es una herramienta que define cómo se regula la televisión en Colombia y en la que la participación ciudadana resulta fundamental.

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    El diálogo se retoma en una nueva emisión de Audiencias Capital, este sábado 3 de enero, a las 7:00 a. m., a través de www.canalcapital.tv, Claro 116, ETB 256, DIRECTV 143, Movistar 164 y 113, TDT y Tigo 105, para seguir explorando cómo se definen las reglas de la televisión en Colombia y por qué la voz de las audiencias resulta fundamental en esas decisiones.

  • Un café con fe: ¿año nuevo, deudas nuevas?

    Un café con fe: ¿año nuevo, deudas nuevas?

    El arranque del año en Colombia vuelve a poner sobre la mesa una realidad persistente. Tras el gasto de diciembre, enero llega con deudas, cuentas acumuladas y presupuestos al límite. Este será el tema del próximo capítulo de Un Café con Fe, que se emitirá el sábado 3 de enero a las 8:00 a. m.

    Matrículas, útiles escolares, impuestos y cuotas de créditos se concentran en el primer mes del calendario, justo después de una temporada marcada por celebraciones, compras y viajes.

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    El fenómeno no es nuevo, pero las cifras muestran que se vuelve cada vez más complejo. Una parte significativa de los hogares destina sus ingresos al pago de deudas, lo que reduce la capacidad de ahorro y deja poco margen para enfrentar imprevistos, llevando a las familias a tener que recurrir al crédito para cubrir gastos inesperados, alzas de precios o incluso necesidades básicas.

    El acceso extendido a tarjetas de crédito y a líneas de financiación de rápido desembolso ha facilitado el consumo, pero también ha incrementado el riesgo de sobreendeudamiento. El pago de cuotas mínimas, una práctica común, alarga las obligaciones y eleva el costo real de las deudas por los intereses. A esto se suma una baja educación financiera, que dificulta la comprensión de tasas, la priorización de pagos y la planificación de gastos estacionales.

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    Este panorama será analizado en ‘Año nuevo, deudas nuevas’, capítulo de Un Café con Fe, con la participación de Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle.

    La conversación aborda el contexto económico que enfrenta el país, el comportamiento de los precios, especialmente de los alimentos, y las claves para organizar el bolsillo en el inicio del año, en un momento en el que el ‘próspero año nuevo’ suele chocar con la realidad financiera.

    La construcción de hábitos sostenibles resulta determinante, presupuestos claros, control del consumo impulsivo, uso responsable del crédito, consolidación de deudas y creación de un ahorro de emergencia. También es clave entender que no todas las deudas tienen el mismo impacto y que comparar productos financieros puede marcar la diferencia.

    El debate continuará en el próximo capítulo de Un Café con Fe, que se podrá ver el sábado 3 de enero a las 8:00 a. m. por www.canalcapital.tv, Claro 116, ETB 256, DIRECTV 143, Movistar 164 y 113, TDT y TIGO 105, una cita para entender por qué enero sigue siendo el mes que más aprieta el bolsillo de los colombianos y cómo enfrentar el año sin empezar en números rojos.

  • La Plaza de Lourdes es el lugar donde conviven fe, barrio y contracultura en el Bogotario

    La Plaza de Lourdes es el lugar donde conviven fe, barrio y contracultura en el Bogotario

    En Chapinero, la Plaza de Lourdes funciona como un espejo de las tensiones y mezclas que definen a Bogotá. A la sombra de una basílica neogótica que domina el paisaje, conviven vendedores informales, artistas callejeros, juventudes contraculturales y fieles que llegan en busca de recogimiento. Allí, lo religioso y lo cotidiano se rozan sin pedir permiso, haciendo de la plaza un escenario vivo de encuentros, disputas y memorias compartidas.

    La historia del lugar está íntimamente ligada a la construcción de la Basílica de Nuestra Señora de Lourdes, un proyecto que tomó forma a finales del siglo XIX, en medio de un país que redefinía su relación entre el Estado y la Iglesia tras la independencia.

    El impulso vino del arzobispo Vicente Arbeláez, una de las figuras más influyentes del catolicismo colombiano de la época, quien, pese a choques con gobiernos liberales y a dos periodos de exilio, promovió la edificación de un templo inspirado en el neogótico europeo que conoció durante sus viajes. La iniciativa no solo respondía a una motivación espiritual, sino también a una apuesta urbana: dinamizar el crecimiento de Chapinero, entonces percibido como un asentamiento periférico.

    Referente arquitectónico

    El templo se convirtió en un referente arquitectónico del periodo republicano. Su orientación tradicional, la presencia de una plaza frontal y un parque contiguo dialogan con modelos medievales reinterpretados para el contexto colombiano del siglo XIX, cuando se impulsó la construcción de parroquias independientes de las órdenes religiosas. Décadas después, este conjunto urbano terminaría consolidándose como uno de los hitos del norte de la ciudad.

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    La plaza, inaugurada en 1886 con el nombre de Parque Rivas, ha sido testigo directo del tránsito de Bogotá hacia la modernidad. Por allí han pasado transformaciones en el uso del espacio público, cambios en las dinámicas barriales y nuevas formas de habitar la ciudad. Esa acumulación de capas históricas explica por qué Lourdes no es solo un punto de paso, sino un lugar cargado de identidad.

    En los últimos años, el sitio también ha ganado protagonismo dentro del turismo religioso en Bogotá. La basílica, declarada basílica menor por el Vaticano en 2016, atrae visitantes que buscan recorrer la ciudad desde una mirada espiritual y patrimonial, integrando la experiencia de fe con la exploración cultural.

    Hoy, la Plaza de Lourdes resume uno de los grandes dilemas urbanos de la capital: cómo preservar el patrimonio sin congelar la vida que lo rodea. A pesar de los retos de conservación y gestión del espacio público, el lugar sigue latiendo gracias a la apropiación ciudadana. Entre campanas, grafitis, rezos y conversaciones cotidianas, Lourdes se mantiene como un nodo donde la memoria y el presente dialogan, recordándole al Bogotario que su historia también se escribe en sus plazas.

  • Bogotá, la ciudad donde el ladrillo marca la identidad urbana

    Bogotá, la ciudad donde el ladrillo marca la identidad urbana

    Desde cualquier esquina de Bogotá, el tono terracota de los ladrillos llama la atención. Este color no es casual: surge de técnicas constructivas traídas por los españoles y de la abundancia de arcillas bajo los cerros orientales y buena parte de la sabana, vestigios de un pasado lacustre. Hoy, el ladrillo es democrático: no distingue estrato social ni ubicación, y se ha convertido en un símbolo que define la identidad de la capital colombiana.

    Los primeros chircales: cuna de familias y barrios

    La historia del ladrillo comienza a mediados del siglo XIX con los primeros chircales, fábricas de ladrillos, tejas y baldosas en la periferia de la ciudad. Allí, haciendas y barrios emergentes aprovecharon la calidad de las arcillas para crear un recurso económico que sostuvo a cientos de familias, muchas de ellas desplazadas del campo por la violencia que azotó Colombia a principios del siglo XX. Barrios como Las Cruces y San Cristóbal nacieron alrededor de esta industria popular y de la incipiente industrialización urbana.

    La transformación del paisaje

    El auge del ladrillo creció con la expansión de Bogotá. Los cerros orientales se vieron marcados por canteras que extraían arcilla, gravas, arenas y calizas para abastecer la construcción. Estas explotaciones dejaron cicatrices visibles, sumándose a las nuevas intervenciones mineras en la periferia.

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    Arquitectos como Fernando Martínez Sanabria, Guillermo Bermúdez, Germán Samper y, especialmente, Rogelio Salmona, elevaron al ladrillo de lo funcional a lo artístico. Sus diseños exploraron formas orgánicas, curvas y la presencia del agua, creando una estética vanguardista que aún define el paisaje urbano de Bogotá.

    Un patrimonio cotidiano

    Para quienes viven en la ciudad, los edificios de ladrillo pueden pasar desapercibidos, integrados al día a día. Pero para visitantes o la diáspora rola que extraña la capital, el color y la calidez del ladrillo son un distintivo único. Bogotá respira ladrillo: un testimonio vivo de su historia, de sus recursos naturales y de la manera en que sus habitantes han construido su identidad.

    *Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

  • San Victorino, el mercado que define la moda mayorista en Bogotá

    San Victorino, el mercado que define la moda mayorista en Bogotá

    En el centro de Bogotá, a pocos metros de la Casa de Nariño y la Alcaldía, se encuentra San Victorino, un mercado que ha crecido hasta convertirse en uno de los nodos económicos más relevantes de la capital.

    Sus calles y plazas concentran un ecosistema complejo donde confluyen comerciantes mayoristas, emprendedores, vendedores informales y compradores de todo el país, movilizando cada mes cerca de 200.000 prendas de vestir. Para el sector textil colombiano, San Victorino se ha consolidado como un referente indiscutible: si un producto no pasa por aquí, casi no existe.

    Más que un mercado, San Victorino es un espacio donde la actividad económica se combina con la creatividad y la supervivencia urbana. Los visitantes se enfrentan a un paisaje sensorial intenso: los pregones de los vendedores, el ritmo de los parlantes, los colores y la variedad de mercancía generan una dinámica constante que define la vida del barrio.

    Migrantes internos, emprendedores locales y compradores de distintas regiones se mezclan en un movimiento diario que refleja tanto las oportunidades como los retos del comercio informal. Desde jugos de frutas frescas hasta ropa y artículos electrónicos, cada oferta es parte de un entramado económico que sostiene a miles de familias.

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    Uno de los eventos más característicos del mercado es El Madrugón, un ritual que comienza antes del amanecer y reúne a miles de personas con un propósito común: abastecerse de ropa al mejor precio. Este fenómeno ilustra la estructura del comercio mayorista informal en Bogotá, articulando redes de distribución que abastecen a revendedores y comerciantes en todo el país. El Madrugón, además, refleja cómo la economía de rebusque se organiza en torno a la eficiencia y la oportunidad, convirtiéndose en un espacio donde la planificación y la improvisación conviven en equilibrio.

    A pesar de su arraigo y dinamismo, San Victorino enfrenta retos significativos ante el crecimiento del comercio digital. La expansión del e-commerce exige nuevas estrategias a los comerciantes tradicionales, quienes deben adaptarse a un mercado cada vez más conectado sin perder su esencia como epicentro de la economía popular. La evolución de este barrio muestra cómo tradición y modernidad conviven en la capital, mientras miles de personas continúan construyendo su sustento en medio del caos y la creatividad.

    San Victorino no es solo un mercado, es un espejo de Bogotá, un espacio donde se cruzan historia, economía y vida cotidiana, y donde cada transacción, pregón y movimiento contribuye a la narrativa de una ciudad en constante transformación.

    *Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

  • El Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella consolida la agenda cultural de Bogotá

    El Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella consolida la agenda cultural de Bogotá

    El Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella se ha consolidado como un referente cultural en Bogotá y Colombia, integrando historia, innovación y accesibilidad en 17.000 metros cuadrados dedicados a las artes escénicas, plásticas y audiovisuales. Este espacio no solo ofrece infraestructura moderna para la creación y exhibición artística, sino que también impulsa la democratización del acceso a la cultura y la diversidad de expresiones creativas.

    El emblemático Teatro Colón, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1975, forma parte del complejo y se suma a tres salas contemporáneas: Delia Zapata, Experimental Fanny Mikey y Sinfónica Teresita Gómez. Construido entre 1885 y 1895 por el arquitecto italiano Pietro Cantini, el Colón ha sido escenario de las principales manifestaciones culturales y musicales del país, incluyendo la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

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    La Sala Delia Zapata, con capacidad para 511 espectadores, permite realizar producciones de danza, ópera y teatro a gran escala, con tecnología avanzada y un foso motorizado para orquesta. Su telón de boca, diseñado por Pedro Ruiz Navia, rinde homenaje a la bailarina afrocolombiana, mostrando un retrato monumental que celebra su legado y su histórica presentación en el Colón en 1954.

    El Centro atrae a públicos diversos: familias, estudiantes, académicos, artistas profesionales y aficionados, así como visitantes internacionales. Además, fomenta la participación de colectivos locales y artistas emergentes, promoviendo la diversidad étnica, de género y social en su programación, y fortaleciendo la apropiación cultural desde la comunidad. Tras su consolidación, el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella combina tradición y modernidad, ampliando significativamente la oferta cultural de Bogotá y el país, y convirtiéndose en un espacio inclusivo donde el arte se reconoce como un bien común y un derecho para toda la sociedad.

    *Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

  • ¡Pilas! Este 2 de enero no habrá pico y placa en Bogotá

    ¡Pilas! Este 2 de enero no habrá pico y placa en Bogotá

    La Alcaldía Mayor de Bogotá anunció que los días viernes 26 de diciembre de 2025 y viernes 2 de enero de 2026 no se aplicará la medida de pico y placa en la ciudad. La decisión busca facilitar el tránsito vehicular y permitir un flujo más ágil para los viajeros que ingresan o salen de la capital durante la temporada de fin de año y Año Nuevo.

    ‘Revisadas las fechas que vienen, tomamos la decisión de levantar el pico y placa dos días. Va a ser el 26 de diciembre y el 2 de enero. Esos dos viernes no va a haber pico y placa en Bogotá y eso va a garantizar que la gente se pueda mover durante esos dos fines de semana, el de Navidad y el de Año Nuevo’, aseguró el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán.

    Durante los días hábiles de diciembre de 2025 y enero de 2026, la restricción seguirá vigente normalmente, excepto en las fechas mencionadas. Por su parte, los lunes festivos 8 de diciembre de 2025 y 12 de enero de 2026, regirá la modalidad de pico y placa regional para el ingreso a Bogotá.

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    La Secretaría Distrital de Movilidad (SDM), en coordinación con la Policía de Tránsito, desplegará controles en vías principales y barriales, enfocándose en prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol, combatir el mal parqueo y recuperar el espacio público.

    Estas acciones se enmarcan dentro del Plan Navidad 2025, que busca garantizar una movilidad más segura y fluida durante las festividades, con apoyo de las Alcaldías Locales y el Departamento Administrativo de La Defensoría del Espacio Público (DADEP).

    *Foto: Alcaldía de Bogotá

  • El Museo de la Ciudad Autoconstruida es la memoria viva de quienes levantaron Bogotá

    El Museo de la Ciudad Autoconstruida es la memoria viva de quienes levantaron Bogotá

    En Bogotá, muchas de las historias familiares comienzan con una pala, unos ladrillos y la determinación de levantar un hogar. La autoconstrucción, ese proceso en el que las personas edifican sus propias viviendas con los recursos y conocimientos que tienen a la mano, es parte esencial del ADN urbano de la capital.

    No se trata solo de una práctica arquitectónica, sino de una forma de vida que mezcla necesidad, creatividad y resistencia.

    En localidades como Ciudad Bolívar, buena parte de las casas fueron construidas por sus propios habitantes. Cada muro refleja el esfuerzo de generaciones que llegaron desde distintas regiones del país, impulsadas por el deseo de tener un techo propio en medio de un contexto de desigualdad y desplazamiento.

    Así, la capital se ha convertido, en gran medida, en una ciudad autoconstruida, un territorio donde cada vivienda cuenta su propia historia y donde el derecho a la vivienda digna se entrelaza con la lucha por permanecer y habitar la ciudad.

    Un concepto que se reconoce en el paisaje

    Basta mirar por la ventana o recorrer los barrios más tradicionales para descubrir que la autoconstrucción está en todas partes. No hace falta ser arquitecto ni urbanista para notarlo. La diversidad de formas, materiales y estilos revela cómo miles de familias levantaron sus casas pieza a pieza, muchas veces sin planos, pero con una clara visión de futuro.

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    En el corazón de Ciudad Bolívar se levanta un espacio que rinde homenaje a esa historia colectiva: el Museo de la Ciudad Autoconstruida. Este lugar, de entrada gratuita, invita a los visitantes a comprender el valor social y cultural de la autoconstrucción en Bogotá.

    El recorrido inicia en el tercer piso del edificio, donde se encuentra la exposición Explotación, estigmatización y resistencia. A través de fotografías, relatos y objetos cotidianos, se reflexiona sobre las tensiones entre el territorio, la explotación de recursos naturales y los desafíos ambientales que enfrenta la comunidad. Desde los ventanales del museo, se puede observar el paisaje de la localidad y el Cerro Seco, un mirador natural que recuerda la fuerza con la que esta zona ha crecido.La creación del museo fue posible gracias a las transformaciones urbanas que trajo la llegada del cable aéreo a Ciudad Bolívar, infraestructura que no solo mejoró la movilidad, sino que impulsó nuevos espacios para el encuentro, la cultura y la memoria.

    El Museo de la Ciudad Autoconstruida no solo guarda los recuerdos de quienes edificaron sus hogares, sino que permite entender cómo millones de bogotanos han construido, literalmente, la ciudad en la que viven. Un recordatorio de que Bogotá no solo se diseñó desde los planos de un arquitecto, sino también desde las manos y los sueños de su gente.

    *Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

  • La DIMAYOR define las fechas y sedes de la Superliga BetPlay 2026 entre Junior y Santa Fe

    La DIMAYOR define las fechas y sedes de la Superliga BetPlay 2026 entre Junior y Santa Fe

    La División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (DIMAYOR) confirmó el calendario oficial de la Superliga BetPlay 2026, certamen que enfrentará a Independiente Santa Fe y Junior de Barranquilla, campeones de la Liga BetPlay en el primer y segundo semestre de 2025, respectivamente.

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    La serie, que se disputará en un ida y vuelta, comenzará el jueves 15 de enero de 2026 a las 7:30 p.m. en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla. El título se definirá una semana después, el miércoles 21 de enero, también a las 7:30 p.m., en el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá.

    Aunque inicialmente estaba previsto que Santa Fe iniciara la serie como local y Junior cerrara en Barranquilla, la programación tuvo que ser ajustada. El cambio obedece a las obras de remodelación que se adelantarán en el Metropolitano, escenario que será intervenido de cara a la final de la Copa Sudamericana 2026.

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    Ante esta situación, ambos equipos acordaron ajustar el orden de los partidos para que el duelo de ida se juegue en ese escenario. De esta manera, Junior tendrá el primer turno en casa y Santa Fe definirá la serie en Bogotá.

    La Superliga BetPlay 2026 marcará el inicio oficial del calendario futbolístico en el país y pondrá en juego el primer título del año, con dos de los equipos más representativos del fútbol colombiano frente a frente desde enero.

    *Foto: DIMAYOR